Querida comunidad del Instituto de la Comunicación e Imagen. Profesora María Olivia Mönckeberg, directora del ICEI. Profesor Carlos Flores y profesora Ximena Póo, directores de las carreras de cine y periodismo, respectivamente. Nueva generación de estudiantes de la Comunicación de la Universidad de Chile. Compañeros todos.
En nombre del Centro de Estudiantes que reúne todo el pregrado, queremos entregar nuestro más fraterno y sincero abrazo de bienvenida a la que es la mejor universidad del país, a esta nueva casa, su casa, que entre todos debemos construir, a la Universidad de Chile.
Nuestra principal invitación es a participar activamente en esta comunidad que conforma a nuestro Instituto: estudiantes, académicos y funcionarios.
En las aulas que nos reúnen se encontrarán con una serie de profesores que esperan que la siempre rebelde juventud los exprima hasta hacer emerger de ellos el más valioso de los conocimientos. Para ello, no sólo deben exigirle el máximo al cuerpo docente, sino también exigirse a ustedes mismos, demostrando entrega, desacuerdo y compromiso.
Esa será la única forma de hacernos parte activa y legitimar nuestras posiciones en discusiones, debates, problemas, pero sobre todo, soluciones que como comunidad desarrollemos a lo largo de este año que estamos empezando, con el debido respeto que muchas veces nos hacen evitar el entusiasmo y la pasión de las batallas de ideas.
Como futuros periodistas, cineastas, y comunicadores en general, tenemos un rol inexcusable en una sociedad que se aventura en una serie de mezquindades, salpicadas con teorías y conceptos que avalan, desde la estupidez y la hipocresía hasta la atrocidad y el genocidio.
Las grandes usinas del imperialismo, así como también diversas vertientes del reformismo de los últimos 25 años, han tratado de erradicar de una vez y para siempre la posibilidad de una conciencia colectiva y de inocular, en base a justificaciones, pretextos y metrallas, la idea de que un mundo mejor no es viable, ni posible, ni deseable.
Al respecto, el pasado 2010 nos dejó huellas permanentes. Huellas de las que los dueños del continente y de nuestra nación no se han hecho cargo. Un supuesto e irreversible bicentenario de prácticamente toda América Latina, fundada bajo el sometimiento económico a las grandes potencias globales. Un bicentenario marcado por los presos que ardieron dentro de sus propias celdas en San Miguel, prohibidos de despertar de la pesadilla que encerraban las cadenas del hacinamiento, los barrotes al rojo vivo y el humo asesino. Prohibido también el pueblo mapuche y su autodeterminación, que a pesar de la militarización y el ultraje, continúa sembrando su tierra bañada en sangre de los que murieron por ella. Prohibidas las mujeres de su propio cuerpo. Prohibido el fútbol y aceptada la mafia lucrativa de la dirigencia. Prohibida la protesta y la huelga y aceptado el narcotráfico. Prohibidos los trabajadores de ganar un sueldo digno y prohibidos los productos de tener un precio justo. Prohibida la educación y el transporte de ser derechos humanos, y por ende, universales, intransables e inalienables.
Nuestra misión es dar cuenta de la realidad social de nuestro país, de Latinoamérica y el mundo. Explicar las cosas tal cual son, es decir, hablar con la verdad, con el coraje de portarla y entregarla. Este es el conocimiento y la herramienta más importante que podrán aprender en esta universidad: Saber cómo, por qué y para qué construyen esa verdad los dueños de todas las otras cosas. Y saber también por qué es necesario y posible que cambie radicalmente la forma como funcionan éstas. La actual realidad debe perecer para que las manos justas construyan una sociedad que el pueblo de Chile anhela y merece.
En una línea contraria, el actual gobierno está impulsando una reforma a la educación superior que busca la competencia entre las universidades públicas, casi totalmente despojadas del financiamiento estatal, y las universidades privadas, que gozan de los recursos que llenan sus estudiantes endeudados y sus dueños empresarios.
Profundizando la línea de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, el presidente Piñera pretende mantener la morbosa acumulación capitalista de uno de los países más desiguales del planeta, y que no sólo se percibe a nivel económico, sino también en la educación que reciben los hijos de todos los trabajadores, profesionales, pequeños comerciantes, técnicos y desempleados que llenamos las aulas educativas de nuestro país. Hoy, el panorama en Educación Superior nos presenta una variada oferta de instituciones para ricos y para pobres. La Universidad de Chile, por su parte, continúa viva en una elitizada burbuja, albergando dentro de ella la insignificante suma del 5% de los postulantes a nivel país, superada por instituciones como la Universidad de las Américas y el DUOC.
Frente a todo esto, nuestra invitación no es sólo a participar de cada una de las instancias que nos brinde el ICEI y la Universidad. Es también a defender los valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio: la modestia, el desinterés, el altruismo, la solidaridad. Es también luchar con audacia, inteligencia, realismo y rebeldía. Es no mentir jamás ni violar principios éticos. Lo que les pedimos es, como diría un olvidado pero aún firme comandante, “convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y de las ideas”.
Muchas Gracias.
Centro de Estudiantes de la Comunicación (CECO)
Instituto de la Comunicación e Imagen
Universidad de Chile
martes, 5 de abril de 2011
Discurso Bienvenida Año Universitario 2011
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